Los cambios de gobierno y la crisis económica han obligado a las televisiones públicas a reinventarse en busca de nuevas formas de financiación. Sin embargo, en España aún no se ha planteado el pago de un canon anual, como sí ocurre en otros países de la Unión Europea.
Cuando en 2010 el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero acordó dejar de emitir publicidad en Televisión Española lo hizo con el propósito de adecuar el servicio público al del resto de países de la Unión Europea y ofrecer un servicio de calidad independiente de las grandes empresas y multinacionales.
Sin embargo, casi cinco años después las debilidades de este plan poco a poco han ido saliendo a la luz. Pérdidas millonarias y querellas abiertas contra las cadenas privadas por competencia desleal son solo algunos de los problemas a los que la cadena pública ha tenido que enfrentarse en este lustro.
Si bien se ha demostrado que lo que resta audiencia no es la emisión de publicidad sino la calidad de los contenidos, es evidente que la televisión pública española necesita un cambio de rumbo ya que los datos confirman los malos presagios. Televisión Española ya no es rentable.
La televisión pública vivió durante años su propia burbuja de los medios que, igual que sucedió con la inmobiliaria, de pronto explotó. El resultado de ello ha sido que numerosas televisión autonómicas han tenido que dejar de emitir. Sin embargo, la posibilidad de que la administración se viera obligada a cerrar Televisión Española parece cuanto menos improbable. Antes de que eso sucediera, el nuevo Gobierno se plantearía recuperar la inversión en publicidad para alcanzar de nuevo datos positivos que permitieran su supervivencia.
Llegados a este punto cabe preguntarse cuál es la dirección correcta para la televisión pública en España. Apenas queda un mes para que la resintonización de los canales de TDT sea completamente efectiva y aún muchos de los ciudadanos se preguntan para qué tantos canales si no ofrecen contenidos de calidad.
Sin embargo, en un espectro televisivo en el que gobiernan las televisiones privadas con contenidos basados en la especulación sentimental y la compraventa de emociones, la televisión pública se eleva como salvaguarda de los intereses del telespectador medio. La televisión pública tiene la obligación de procurar contenidos de calidad, que informen, formen y entretengan a todos sus ciudadanos, con independencia de su rango de edad, sexo y raza.
Publicidad, canon y presupuestos públicos, así se financian las televisiones europeas.
Pero un servicio de calidad no puede ofrecerse con el presupuesto mínimo, al que ha quedado relegado en los últimos años. Por ello, el Gobierno vuelve a estudiar la implantación de la publicidad como un sistema efectivo de conseguir ingresos. Sin embargo, si echamos un vistazo al resto de países de la Unión Europea, las formas de financiación son muy variadas.
Tras la aprobación de la Directiva de la Televisión Sin Fronteras por la Unión Europea en 2010, los países europeos tuvieron que adecuarse al nuevo sistemas de financiación de la televisión pública que engloba el pago anual de un canon por cada televisión y radio que se tenga en los hogares, la emisión de publicidad amparada en unos límites básicos, que también deben cumplir las televisiones privadas, partidas presupuestarias del gobierno (es decir, la financiación pública) y la venta de programas a televisiones extranjeras..
De este modo, según el país en el que veas la televisión tendrás que pagar más o menos por ella, incluso a través de impuestos directos como sucede en Alemania, Reino Unido, Italia, Francia, Países Bajos, Austria, Bélgica y los países nórdicos.
¿Y tú, estarías dispuesto a pagar un impuesto especial por acceder a la televisión pública?
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